jueves, 23 de septiembre de 2010

Noche

La noche se torna silenciosa. Escribo ahora con más paciencia a pesar de tener obligaciones pendientes. Mis manos sueñan con terminar un texto, una frase. Algo. 
Siete y dieciocho. Cuento los segundo y los minutos. Tranquilo sin nada más que hacer, que escribir. Tal vez terminar los cuentos de J.Ramón Ribeyro. O tal vez darle una leida a mi libro de literatura. 
Sueño con que llegué la noche más silenciosa de todas. Que la luna no aparezca y los grillos duerman. Que al sacar la cabeza por la ventana, se refleje la sombra de un viento ténue y helado. 
Sueño con esa noche. Con dormir y despertar recordándola. 
Palabras que salen en una noche tranquila. Sin mucha gente en casa. Tan sólo mi madre y mi abuela. Aquellas dos maravillosas mujeres. 
Pero no quiero salirme del tema. La noche. Esta noche que está cálida y suave. Que aún deja ver algunos rayos escondidos del Sol. O tal vez de mi imaginación. Si fuese así, sería una noche estupenda. 
Una noche suelta de mi mente. De mi imaginación es sacada y plasmada en un espacio, en un plano visual que durará hasta que sea el fin. 

Vamos noche... Llega ya.
Aunque para eso, debo dormir. Pero si no hay noche soñada, no hay como dormir. 
En fin, resolveré mi complicado y nunca entendido problema en unos minutos. O tal vez nunca.

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