Estaba debajo de su cama. Temblando del miedo, del terror de que venga su padre, lo golpee y lo deje inconsiente nuevamente. Sus pantalones estaban mojados. Su respiro era con temblores. Su cabeza era un sinfin de recuerdos y pensamientos de que podría ser lo que venía.
Esperó que se acabe el ruido. Salió despacio y se fue hacia su ropero, agarró un pedazo de madera que tenía escondido y fue hacia la puerta. Cuando su cara estaba justo en dirección a la puerta, ésta se abrió con vehemencia. Dándole un fuerte golpe y dejándolo casi desmayado.
Pudo observar a aquel hombre borracho que siempre venía y lo golpeaba acusándolo de cualquier cosa que su alcohólica mente podía inventar. Pablo quiso levantarse y golpearlo, correr, evadirlo, hacer algo. Pero no pudo. Estaba mareado. Su padre lo agarró a puñetazos, patadas, cachetadas, le golpeó la cabeza contra su cama y el ropero. Las lágrimas de Pablo junto con su sangre creaban una combinación de dolor, odio, repugnancia. El hombre no paraba hasta que creyese que fuese suficiente.
Pablo, tirado, sangrando como nunca antes por las golpizas de su insensible y caótico padre, fue ayudado por su madre que también había resivido algunas golpizas.
Esa noche Pablo no paró de llorar. Incluso tuvo una pesadilla en la cual se repitió todo lo ocurrido.
Pablo se levantó a la 7 y 30 de la mañana. Cojeaba y respiraba profundamente. Su madre estaba dormida y su padre aun inconsciente en el mueble.
Esperó que se acabe el ruido. Salió despacio y se fue hacia su ropero, agarró un pedazo de madera que tenía escondido y fue hacia la puerta. Cuando su cara estaba justo en dirección a la puerta, ésta se abrió con vehemencia. Dándole un fuerte golpe y dejándolo casi desmayado.
Pudo observar a aquel hombre borracho que siempre venía y lo golpeaba acusándolo de cualquier cosa que su alcohólica mente podía inventar. Pablo quiso levantarse y golpearlo, correr, evadirlo, hacer algo. Pero no pudo. Estaba mareado. Su padre lo agarró a puñetazos, patadas, cachetadas, le golpeó la cabeza contra su cama y el ropero. Las lágrimas de Pablo junto con su sangre creaban una combinación de dolor, odio, repugnancia. El hombre no paraba hasta que creyese que fuese suficiente.
Pablo, tirado, sangrando como nunca antes por las golpizas de su insensible y caótico padre, fue ayudado por su madre que también había resivido algunas golpizas.
Esa noche Pablo no paró de llorar. Incluso tuvo una pesadilla en la cual se repitió todo lo ocurrido.
Pablo se levantó a la 7 y 30 de la mañana. Cojeaba y respiraba profundamente. Su madre estaba dormida y su padre aun inconsciente en el mueble.
Pablo con una inyección el mano miró a todos lados. Con miedo de que aquel mounstro se levante y vuelva a matarlo. Fue a la cocina donde agarró pan en mal estado. Sacó una caja con vidrios pequeños de una botella rota que tenía escondido debajo del refrigerador viejo.
Sacó el arroz que su padre dejó hace más de un mes. La basura descompuesta.
Mezclo todo en un plato y salió.
Agarró la inyección en le pincho en la intravenosa. El hombre sintió el pinchaso y abrió los ojos. Lo miró sorprendido y algo molesto. Quiso levantarse pero no pudo. La dosis era demasiado fuerte. Su cuerpo quedó paralizado.
Pablo lo miraba con una cara de repudio, odio y asco, y le dijo:
-¿Crees que lo he olvidado?
Su padre lo miraba con cara de miedo.
-¡Maldito infeliz! ¿Crees que no recuerdo nada? Tus manos asquerosas y tu cuerpo viejo rosándome. Tus puñetes constantes y tus patadas. ¡Responde! -gritó con furia y con la sangre inyectada en los ojos -Cierto, no puedes. Pero... yo te quiero mucho. Así que te he traido el desayuno.
Lo levantó con todas sus fuerzas, y lo puso en la silla. Le puso su babero. Su padre lo miraba con cara suplicante. Pero Pablo había perdido su sensibilidad.
-Come papi -le decía dándole la combinación de comida podrida y vidrios rotos.
Cuando le puso en su boca su padre quizó gritar pero no pudo. Su lengua empezó a sangrar al igual que su paladar. Pablo no paró. Le seguía dando los vidrios rotos con más furia. Su corazón estaba lleno de dolor, rencor. Todos esos años...
...había sido demasiado.
¡Ah, bueno!
ResponderEliminar¡Dejaste de lado la poesía y saliste con los tapones de punta!
Jaa gracias amigo! Si.. lo pensé y me pareció interesante, así que lo escribí!
ResponderEliminarSaludos!
A la mierda! Que demente el chikillo! aunque tambien con tantos golpes! Yo creo q haría lo mismo pero no con tanta maldad! ajaja..
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