martes, 25 de mayo de 2010

¿Le dedico una canción?


Para ella.


-Buenas tardes se
ñorita. Por qué me he de mirarme de esa manera. -le dijo con extrañeza.
-Pues porque... bueno.
-¿Quiere escuchar una melodía?
-No son precisos sus pensamientos cuando la felicidad de su alma se conjuga con las mía.
-¿Bueno y que quiere escuchar?
-Lo que mi corazón desee.
-Déjeme adivinar.

Pasaron 30 segundos de pensar.

- Bueno, la verdad no lo sé.
-Vamos. Inténtelo.

Pasaron otros 78 segundos pensativos.

-En verdad. No lo adivino.
-¿Se da por vencido? -dijo con sorna y como retándolo.

Pasaron tres minutos, cinco, quince, treinta, estuvo a punto de cumplirse la primera hora.
El viento soplaba y revoloteaba su cabello.
Él pensaba y no sabía a donde más mirar.
Los ojos de la bella damisela brillaban de la risa.
Era divertido para ella mirarlo pensar así.
Él pensaba y pensaba mientras que las palomas blancas
bajaban al suelo y picaban los restos de comida dejados
por la gente hambrienta.

Su sonrisa se hacía cada vez más dulce y tierna.
La cara del dudoso y pensante estaba colorada de la vergüenza y de la presión
de aquella bella y desconocida dama.

-Me rindo. En serio, ¿cuál es?
-Busque en su corazón señor. La melodía que sus dedos sugieran y que su corazón sienta, esa será.

Con cara pálida y actitud tranquilo, la miro y rió.
Empezó a darse vuelta para retirarse de aquel crepúsculo llegado e inesperado.
-Sabe -dijo volteando el rostro- , siempre lo supe.
-Entonces, ¿para qué dejo pasar todo este tiempo?
-Pues.. sólo para verla. Sólo para verla. Adiós hermosa dama.

Las últimas palomas recogieron el amor dejado allí en el medio.
Aquella hermosa dama estuvo en sus ojos durante un buen tiempo.
Pero... sólo se la pasó pensando, mas bien, contemplando la belleza de lo imposible.
Lo que no sabe es que siempre... siempre


...hubo una canción.





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