domingo, 30 de mayo de 2010

Imaginario.

Luego de caminar acompañado de varios suspiros.
Me senté sobre una banca húmeda.
Mi paraguas me protegía algo de la torrentosa lluvia.
Se dice que dos horas antes hubo un secuestro.
Dos hombres atraparon a un niño y sus padres ahora mueren de la angustia.
No tenía miedo.
Mi tranquilidad se notaba ante las tenues olas del mar.
Con un par de guantes calmaba el frío que mi cuerpo sentía.
Prendí un cigarrillo y deje que se apagará con la lluvia.
Prendí otro cigarrillo, calé un poco y nuevamente deje que se apague.
Así hasta que se acabó la caja.
Mi actitud seguía tranquila.
Mis ojos estaban mirando todo el panorama con lentitud y agonía.
Un sin fin de melodías recorrieron por mi mente y me parecía escucharlas en mi oído.
Sólo quedó ese blues triste y suave que escuché el último día que te vi.
Recordé las noches en las que cantaba "por amor" de Amén sin cansarme.
Pensé que tal vez podría verte y decirte: Cómo estas.
Mi corazón me dijo algo. No lo escuché bien pero me inquiete.
Mis ojos empezaron a buscar algo en el suelo.
Mire a los costados aun con la cabeza gacha. Nada.
Que era lo que me quería decir. Tal vez era que debía irme o que debía buscar uno de esas notas soñadoras.
Mis manos se entumecían. El frío era cada vez más fuerte. El viento y la lluvia venían con vehemencia.
El intrínseco sentimiento de depresión se movía en mí. Pero por qué volvía.
No llegaba a saber que era (seguía con la cabeza gacha)
Decidí finiquitar todo esto.
El calor de mi cuerpo aumento junto con el frío de mis manos al levantar mi cabeza.
Sentado ahí mirando aquella silueta hermosa me di cuenta de que habían pasado sólo 40 segundos.
Mi boca estaba semiabierta. Y mis ojos pasmados.
Me levante y no pude evitar la emoción de estar viéndola. Ahí. Parada de espaldas hacía mí. Mirando el mar.
Con una risa quise acercarme. Di 4 pasos cuando dije para qué. No había razón para hacerlo.
Di un cuarto de vuelta hacia la derecha y me dirigí hacia la multitud. Junto a todo el hambre, la sed espiritual, el deseo sexual, la violencia doméstica, el engaño, lo honestidad y todo lo que se podía sentir.
Me encorve un poco y metiendo mi mano en el bolsillo, me retiré.
La vi por última vez volteando mi rostro.
Quien sabría cuando la vería ahí tranquila, sola, tan bella mirando el mar.
Aún no sabía por qué no me acerqué a ella. Pero... Ya llegará el día.




Seguí mi camino

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