Aún tengo la piel
adherida al yugo
triste
y melancólico de mis entrañas.
Y me duele
cuando me alejo
cuando empiezo a crecer
y unirme
a la multitud sin eternidad.
Y no es la voluntad
es la realidad
que me arrastra
y me hace gritar
por dentro
y me hace sangrar
aún más adentro.
Ahora tengo los pies
del mundo sobre
mi maleable
y cretina
cabeza.
Y se resbala
cuando no opongo resistencia
cuando me vuelvo
débil.
Y cierro los ojos
cuando cae frente a mí
el mundo
entero
el cielo
oscuro
cierro los ojos
cuando llega la noche
y los abro cuando
pienso que estoy a salvo
Aún la piel herida
por el desarraigo
inevitable
del destino,
de un camino nublado,
de un latido inminente.
Y no quiero curarme.
Aguanto un dolor
para evitar otro
Aunque eso me lleve
a la muerte.
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