Las conversaciones iniciaron y algunas caminatas cortas en las que me di cuenta la simpatía que me tenías. Una noche, luego de conversar y caminar hacia tu paradero me pareció ver algunas señales tuyas de querer un beso. No me animé, claro, tenía miedo a que me rechazaras y ahora sé que así hubiera sido. Sucedió increiblemente en mi habitación cuando ofrecí ayudarte. En realidad yo solo estaba ahí, para ti y tu te acercaste un poco, sabía que no podías más. Nos besamos y creeme que fue la mejor sensación que había tenido en tiempo. Y tu actitud cambió, te volviste tan dulce. Todo parecía ir en buen camino pero tuve claro que no querías nada conmigo desde que me dijiste que nos alejaramos. Me pedías terminar algo que aún no había empezado, dejabas el inicio transcurrirse entre mis dedos. Pero luego querías volver, o querías que estuviera ahí, que no te ignorara, que te saludara y te hablara como si nada hubiera pasado. Pero no pude y no podré jamás. Porque jamás te vi como una simple amiga, jamás tuve la meta de terminar como uno más que te saluda y a quién saludas por cortesía. Me extrañabas, eso dijiste. Querías verme y te pregunté por qué. Porque sí, no hay mucho raciocinio. Quedé callado. No había motivo, era un simple capricho tuyo y yo lo cumplí como un idiota. Fui a tu casa, a verte, a conversar, a esperar que me dijeras que querías estar conmigo, que querías abrazarme una, dos, cien veces más, que querías simplemente algo. Pero nada, no sabías nada, no querías más que besarme, tocarme y que te tocara y me estrellara contra tus labios, con tu cuerpo cálido y suave que nunca supe por qué demonios me dejaste probarlo. Me fui igual, con la misma molestia, con el enojo en los zapatos, arrastrando una humillación. Pero empezamos nuevamente, y sin darme cuenta empecé a actuar como si ya estuvieramos. Y me seguías la corriente, no evitabas que te tomara de la mano, que te tomara de la cintura y te de un beso suave. A veces lo hacías tú. Nunca te obligué a nada. Por siempre creí que todo estaba correcto. Se acabaron los días de la universidad y no habían más excusa para vernos. Al menos para ti. Un par de veces quise salir y lo hicimos. Primero me preguntaste, de pronto, por qué te tomaba la mano. Por qué no hacerlo? Porque no somos pareja. Ahora pienso que siempre debí decir cosas diferentes, pero también sé que hubieras respondido cosas peores. Dejé de hacerlo, de tomarte la mano y tú estabas feliz, fue la primera vez que me sentía triste al verte contenta. Y esa noche te ayudé, incondicionalmente. Recuerdo claramente que me despediste, preocupada, con sueño, me fui sin un gracias que llegó mucho más tarde en la noche, cuando ya las cosas se recuerdan porque sí.
Ya sin clases y sin un lugar en común te pedí que me acompañaras a comprar. Nos vimos y yo seguía manteniendo el trato que teníamos. No te tomaba la mano, mucho menos me animaba a darte un beso, solo me limitaba a rozarte la mejilla. Caminamos y me alegraba oír tu voz, voltear y ver tu cabello largo, tus ojos somnolientos, tus labios que albergaban una de las sonrisas más hermosas de este año. En un acto, ferozmente involuntario te intenté besar la frente a lo que respondiste como muchas veces bajando la mirada creyendo que la dirección era hacia tu boca. Te equivocaste, me hubiera encantado ir hacia allí, pero yo seguía manteniendo nuestro trato. No pude evitar mi tristeza, ver que todo lo que parecía ser algo hermoso iba desapareciendo en cada encuentro, en cada palabra, en cada mirada. Te tenía a centímetros de mí, pero ya no estabas, ya no eras de la de hace unos semanas, estabas lejos, tan distante que escucharte parecía un sueño. Tú sabías como me sentía y me parecía estúpido que lo preguntaras. Acaso no te debas cuenta que te quería conmigo? Que me carcomían las ganas de ir abrazado contigo o de la mano o de detenerme y darte un beso y decirte que me gustabas mucho? Acaso no te habías dado cuenta de eso? Pero lo entiendo, tú no querías eso y buscabas sentirte bien, aunque nunca comprendí porqué. Quisiste comer y no sentamos. No me gusta cuando me rechazas besos, te dije. Me respondiste con una pregunta: Por qué crees que lo hice?
Cómo diablos iba a yo saberlo si minutos antes me habías tomado el rostro y pegaste tus labios con los míos, como un beso repentino de esos que se dan las parejas. Algo que no éramos, algo que tú, maldita enferma, no querías que fuéramos. Cómo mierda iba a yo saber por qué me rechazabas?
Me respondiste algo que casi no recuerdo y que de todos modos no entendí. Ya no te escuchaba, ya no te oía, solo miraba hacia otro lado, mientras tocaba tu cabello, porque sabía que pronto no lo volvería a tocar. Yo nunca te obligué a nada, volví a respetar lo que querías porque así lo querías, no buscabas qué podía hacer frente a eso. No. Tu decisión era firme y yo acaté, volviendo a verte feliz de que así sea. Retrocedimos. Volveríamos a empezar, esta vez como cuando recién nos conocimos. Hablando de lejos, distantes, amigos.
Nos fuimos y en esos días tuvimos una conversación que nunca debió ser. Me hiciste una broma. Bueno, entonces nos vemos en abril. Al preguntarte si eso era un chiste, me dijiste que claro, que claro que era un chiste, cómo podía yo creerme eso. Pero era totalmente notorio que así lo querías, que presionabas entre broma y broma para que así suceda y lamentablemente así sucedió. Pregunté algunas cosas que nunca debí y me respondiste, dando por terminado todo lo que jamás inicio, algo que nunca hubo. Lo curioso es que a las horas me hablaste, o me escribiste algo. Pregunté que pasaba y me dijiste que nada. Al rato querías saber que hacía y te mentí, te dije que buscando una película, no podía decirte que pensaba en ti, que estaba como un idiota recordandote. A los pocos segundos se acabó la conversación. Habrás creído que todo estaba bien, que yo no estaba molesto, que volvía a la normalidad. Intenté ignorarte y no pude. te hablé algunas veces y solo ha empeorado todo. Ahora he decidido no hablarte más, excepto por una fecha que aún lo estoy pensando que es tu cumpleaños. Quiero darte un regalo, solo dártelo e irme. sin hablar y sin nada porque estoy seguro que tú ya no quieres absolutamente nada conmigo. He imagino mucho, tantas cosas que podrían haber pasado entre los dos, cosas hermosas y otras horribles. Pero ahora solo ha quedado algo que tú recordarás como quien recuerda un chiste y yo... yo lo recordaré como los dos mejores peores meses de este 2015.