Me acerco más
a la puerta de lo absurdo,
del absurdo placer
de la absurda piel.
Cerradura fácil de abrir
con llave en las manos
decidiendo el morir.
No muere lo que vive muerto
y no crece lo que es infinito.
Así como no enferma lo que yace enfermo
ni la puerta oculta el absurdo vicio.